LOS SECULARES SON EFÍMEROS SIN CONEXIÓN AL PASADO NI AL FUTURO

PEQUEÑA CRÍTICA AL SECULARISMO 

El secular militante, moderno, en su afán de ‘liberarse’ de las raíces, se condena a sí mismo a la efimeridad. Reniega de aquello que dio sentido y continuidad a su propia cultura (la tradición grecolatina, el Logos cristiano, el orden vertical de la excelencia), y queda reducido a un ser del saeculum: un producto de su generación, esclavo de las modas ideológicas del momento. Es un hombre sin profundidad histórica, sin memoria de sus orígenes y, por tanto, sin verdadero futuro. Su ‘cultura’ se vuelve líquida, descartable, porque carece de raíces que la nutran más allá del instante presente.

Mientras el hombre enraizado bebe de la sabiduría acumulada durante siglos (lo que los antiguos llamaban paideia o formación del alma hacia lo alto), el secular se enorgullece de su ignorancia de las fuentes. Cree ser más libre por rechazar la tradición, pero en realidad es más pobre: un ser efímero, un hombre de un solo uso, fabricado por la ideología de su saeculum.

Elena Catalán Muñoz

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